FRACTURA EXPUESTA

Mauro Giaconi





Aquí todo es tan sólido como un vaso de vidrio con agua hasta el tope. El tiempo se ha suspendido en el momento previo al derrumbe. Es preferible no conocer la prisa, caminar con cautela, los pies lentos y sin peso. La vida es muy delicada. Perdí la voluntad de arquitectura pero la cambié por suspiros, que son más sólidos.


En toda arquitectura punza el desmoronamiento. Solo evidenciando la posibilidad del accidente se puede ahuyentar el verdadero susto. Mi dignidad radica en asumir la perpetua vulnerabilidad. Es cosa seria, por eso he rasurado todo ornamento, descartado cualquier ostentación. No es  resignación sino consagración de la fragilidad. Ah, mi pulso, la vena que late; ¡inutilizaré las estructuras, tumbaré los muros, desmaterializaré el acero!  A la hora del cemento no acuden ni los insectos. Que el musgo empiece a crecer es lo único que pido.


Para entrar o salir de la carpa hay que atravesar los ladrillos. La opacidad y la dureza se vencen cerrando los ojos: la transparencia es hacia adentro. Contengo el aliento y regreso al mundo ingrávido.  Los materiales son mudos, por eso permiten proyectarles los propios secretos. Cuando eso sucede dejan de ser puros. Quisiera asomarme a los ojos de las estatuas. Parpadeo: la piedra se humedece.


Observo un cuerpo que flota. Los huesos descansan del peso vertical.  La unicidad de la forma es vaga, indecisa. Si acaso se mece con suavidad. Apenas  es perceptible que se está vaciando o desinflando, sin violencia. El cuerpo es manso y blando como un recién nacido. O fatigado como un viejo que aguanta la lentitud. Podría decir que es un náufrago pero alrededor no hay inmensidad. Está solo a la deriva de sí mismo. Todo sonido y movimiento ha sido sumergido en un dormir sin soñar. (Me pregunto si ha conocido  alguna emoción.)


Nos inventamos verticales para ver por las ventanas. Pero los pies siguen en el lodo. De la horizontal son la materia y el cuerpo, la profusión y la acumulación del polvo, el desgarre, lo que se aplasta en cualquier parte, el agua que se derrama, la clara y la yema sin la perfección del huevo. Los hilos caen en líneas libres de medida que regresan a la singularidad. La vertical analiza y la horizontal desclasifica. El ojo inteligente antepone a lo que ve un alambrado que convierte el cuerpo en anatomía, la naturaleza en paisaje, los lugares en mapas. Ver por la ventana es  enmarcar la vida en la visión: un límite que nos separa de la vida misteriosa de los animales.


No es ni de noche ni de día. La madrugada es un momento daltónico en el que torpemente empiezan a dibujarse las diferencias entre los objetos. Still: quietud y equilibrio. Still: todavía. Still: naturaleza muerta. La vida se ha quedado inmóvil en un instante.


Una descarga de luz, de pronto. La sigo hasta salvarme de la indiferenciación; los ciempiés formaron un fogón que alumbra la ciudad vencida. En ellos no se puede fijar la vista porque la sobreexponen hasta cegarla. Mejor así. Descanso los ojos y dejo que su calor me reconforte.


Algo se ha movido. Movimiento es una palabra que excede lo que ocurrió. Lo que ocurre. No ocurre. Ocurre. Es un movimiento en reposo. No hay acción,  ni narrativa, ni visualidad: sólo se registra con la visión periférica. Es la regularidad rítmica del  pulso, el reflejo, la respiración. O la máquina que registra un tiempo homogéneo. Tic- tac. El cuerpo y el objeto.


Parpadeo: alerta intermitente de lo vivo.



Naomi Rincón Gallardo Shimada.

Marzo de 2008.