UnBurden
Octubre de 2006
Galería Dot Fifty One
Miami, Estados Unidos
Mauro Giaconi, ilusionista y constructor
Objetos como estructuras de materia; edificios como escenografías para la realidad; sombras como posibilidades de ver dibujos y dibujos que hacen posible la justa valoración de la sombra. En las piezas de Mauro Giaconi el repertorio es austero y a la vez denso, cargado de capas de sentido que al artista le interesa no exponer de un solo golpe. Muchas de sus imágenes, muchas de sus ideas, se revelan en segundas lecturas demoradas sobre detalles.
Giaconi trabaja en torno al mundo de la construcción; esa certeza emana de los bordes de las cosas que elige representar –ladrillos, andamios, tubos, alambres, escaleras-, pero su modo de pensar va mucho más allá de las formas, los materiales o las herramientas. Detrás de las imágenes hay preguntas, flotan nubes de temor acerca de la fragilidad de los soportes, se desprende el miedo de que lo que parece sólido, de un momento a otro pueda romperse. Se plantean analogías, paralelos. Alineados sobre el piso, hay ladrillos que parecen edificios que parecen seres. El riesgo es que un mínimo roce los desmorone, que caiga uno y se inicie la catástrofe general. Y también ahí, como opción, la melancolía hipotética de esa larga hilera rojiza de cuerpos vencidos, recostados unos sobre otros, rendidos.
En sus instalaciones site specific, Mauro se entrega al diálogo con las pequeñas contingencias que diferencian a un lugar de otro. Accidentes y columnas se integran en el sistema de las similitudes: una alfombra que deviene mancha bien puede ser un comentario sobre las mutaciones de la materia, de los conceptos, de las palabras. Y al mismo tiempo, acaso, un toque de ligero humor que resuena con discreción en el marco de un imaginario ajeno a las estridencias.
Los objetos escultóricos acentúan esa línea de investigación conceptual nutrida de un cierto homenaje a la imposibilidad y el absurdo. Las herramientas y el casco de cerámica, el disco multicolor hecho de rollos de cinta aisladora o el tubo fluorescente con patitas de precinto negro enfatizan este juego de ideas, tan simples como bien materializadas. La mochila-bolsa de cemento admite, incluso, alguna lectura velada hacia lo político. En todo caso, y en concordancia con el resto de la obra de Giaconi, su posible politicidad emerge sólo en el hilado fino, nunca en el plano manifiesto.
En las piezas de vidrio, que en palabras del propio artista son el nexo de la búsqueda que lo lleva al dibujo y a los objetos, la mirada se vuelve hacia adentro, hacia lo no visible. Los trazos crean, pero la imagen permanece sumergida en un delicado juego, casi secreto, que sólo se hace notar ante la incidencia de un poco de luz. Los dibujos en lápiz, sobre tela o papel, completan la selección de trabajos que Giaconi presenta en su primera exhibición individual en Miami. Son piezas para ser leídas en contrapunto, en idas y vueltas que van de la soledad de una bombita de luz pendiendo de la nada, a la trama abigarrada que sostiene algo que no podemos ver.. Volúmenes figurados por la representación, no más que sabias ficciones de luces y sombras. Deslizar a esta altura que Mauro Giaconi es un excelente dibujante pareciera no agregar demasiado. Y sin embargo, agrega. ¡Cuánto más fácil es dejarse engañar si el ilusionista es habilidoso!
Eva Grinstein
Crítica y curadora independiente
Buenos Aires, septiembre 2006